“El que mucho marca poco aprieta”, ¿o cómo era? Pues no sé, pero por más que fuéramos ganando desde el primer minuto, nunca dejé de apretar y podría jurar que ninguno de ustedes lo hizo.

El comerse las uñas para nosotros los tiburones, no existe, nosotros “apretamos” y no precisamente la marca…

Un partido sui géneris desde los dieciséis segundos de comenzado. Ni el más optimista de los feligreses escualos vaticinaba un inicio tan esperanzador, ahora, “solo” necesitábamos esperar noventa y cuatro minutos ¿Qué fácil no? Pero, ¿Por qué habría de ser fácil, si nunca lo ha sido?

Si nuestra naturaleza le pertenece al “Jesús en la boca” y al rosario en la mano. Pues sí, así sería la noche mágica en el Akron.

Lobos ya había “hecho lo suyo”, ahora nos tocaba a nosotros… ¿Jugar bonito? A quién carajos le importa eso cuando nuestro cerebro ya estaba haciendo planes a cuatro años de oscuridad y solo nos mantenía con vida la más elemental matemática.

Evidentemente lo más importante era la victoria a como dé lugar, valía madres que el partido se jugara el 90% en nuestro primer tercio, y así fue. El que de chamaco jugó “gol para”, sabrá de que le hablo.

Fue una letanía de hora y media, en la que el corazón nunca se puso de acuerdo con el cerebro; mientras el primero estaba excitado pensando en el golpe anímico de la victoria, el otro miraba impávido el segundero hasta que este dio su última vuelta, para que, cual pípila, pudiéramos soltar esa maldita loza y reposar en la tranquilidad de un triunfo alentador.

Pero en fin, ya recuperados de tanta adrenalina, volvemos a dejar las vísceras en conserva para entrar de lleno a esta jornada.

A falta de solo tres partidos ya se tiene más claro que necesitamos, sin embargo, como lo expresé en mi primera entrega, no será nada sencillo, ya que tenemos que duplicar nuestro aliento y convertirnos en efímeros hinchas de los rivales de los licántropos.

Pese a ello, por primera vez en el torneo, me atrevo a decir que nuestros jugadores al fin están convencidos de que nos podemos quedar; entre los tres triunfos seguidos, las tres taquillas regaladas de Kuri y los malos resultados de los universitarios, nuestros futbolistas recuperaron la confianza y la gente la pasión.

Ojo, no podemos adelantarnos y resolver el descenso a priori, tenemos que ir paso a paso.

Ni León son los Valedores de Iztacalco, ni tampoco es imposible que pierda Necaxa; tampoco quiero quitarle la ilusión a nadie, pero debemos guardar la calma en dado caso que los de Aguascalientes pierdan, ya que posibilidades seguirán habiendo y el apoyo para el equipo tiene que ser por tres semanas más.

Aprovechemos que los nuestros se acordaron de cómo se pelean estos partidos, asimismo, como aficionados hagamos lo nuestro y depositemos la confianza en ellos, que si sigue esta sinergia… uff, quien quita y… nos colamos a la grande papá.

Pero bueno, concentrémonos en los Panzas Verdes y piano piano si va lontano…

¡TIBURONEO, LUEGO EXISTO!

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