Que tal amigos, les saludo desde el abismo más oscuro del “descenso”, en la que, lastimosamente, vuelve a ser una semana para llorar en la “pelea” por no bajar (MÁS)
de categoría.

“Como te ves, yo me vi y como me viste, te verás”, dicen los de la BUAP, luego que el
año pasado nos dedicamos solo a verlos descender de forma dramática y en primera
fila, decidiendo no escarmentar en cabeza ajena.

Sé que históricamente nunca hemos sido una institución que planee mucho, así que henos aquí, una vez más pagando las consecuencias. Mientras que al tiburón se lo está llevando la corriente (chingada); de reojo y con envidia, vemos a un equipo bien armado jugando un futbol agradable y con un Leo Ramos desechado de acá, en la cima del liderato de goleo.

Claro está que “una golondrina no hace verano”, pero en este caso, es solo una prueba inequívoca más, de una inercia de pésimas decisiones tomadas en el seno escualo, mismas que han derivado en el peor andar del equipo en toda la historia.

Hemos dicho muchas veces que el título de copa y las dos liguillas consecutivas de Reinoso, no se borran con un mal torneo y nunca hemos dejado de darle el crédito correspondiente a esta directiva.

Pero aquí la situación va mucho más allá de ello (pese a las defensas infundadas de los “tibubots”), pues nunca habrá mejor sustento que los números, esos que no mintieron cuando estábamos arriba y que tampoco mienten después de cinco torneos ridículamente vergonzosos, donde hemos traído a toda clase de petardos (con cartel y sin cartel) que, o estaban lesionados o vinieron de vacaciones, ante la cómplice mirada de los dirigentes.

Sin embargo, nuestra noble y lastimada afición, se sigue aferrando a ese muy lejano
milagro que en los últimos dos años nos llegó de rebote, gracias a unos desaparecidos
jaguares y a los primerizos Lobos del año pasado, los cuales si aprendieron la lección y
formaron un equipo competitivo; a diferencia de nuestros “pantalones largos” y su
“divina” corte, que no se cansan de amenazar con llevarse la franquicia a otra ciudad.

Han sido 4 jornadas LAMENTABLES, donde el orden y la disciplina táctica en C.U. nos
permitió ilusionarnos efímeramente, para después caer de golpe en 3 ocasiones
consecutivas, en las que lo peor de todo no fue la derrota, sino todo el contexto.

De esas tres caídas, dos fueron en casa y contra rivales imperdonables, uno el más odiado
y el otro el enemigo directo del descenso.

Creo que no hay algún aficionado que no sepa las limitaciones de nuestro plantel, por
lo que mínimo esperaríamos que esa clase de juegos se dejaran los cojones en ese
pasto en el que alguna vez Lucas Ayala vomitó del esfuerzo y que Isaac Terrazas barrió
con la cara para salvar goles.

Si, esa misma cancha en la que en un tlacuache hizo más
por detener a la muy mediana ofensiva camotera, que nuestra vulnerable y desalmada
defensa que raya en el subsuelo de lo amateur.

¡Era el Puebla cabrones, el P-U-E-B-L-A!, me hierve la sangre solo de recordar lo
lamentable que fue ver a nuestra defensa correteando inocentemente a los delanteros
todo el primer tiempo. Si alguna vez en su infancia jugaron a “la trai” o a “los
encantados”, sabrán perfectamente a lo que me refiero, impresentable.

Caicedo tropezando torpemente para cometer su 4to penal en unas cuantas jornadas y
fildeando muy deficientemente los balones por aire, al igual que los laterales; que por
cierto, manejan los perfiles peor que escolta de primaria en homenaje a la bandera.

Ofensivamente también hacemos agua, sin ninguna variante ni idea clara en la zona de
creación, solo esperando un gol de nuestro milagroso Polaco solitario o que por ahí el
Puma salga con un poco de ganitas e inspirado para ver si se le ocurre algo diferente.
No, no, no, una lágrima.

Dicho lo anterior y ante la inminente consumación del descenso, solo queda decir que
la única luz al final del camino, es la contratación de un ganador de cepa, como lo es el
Carlos Salcido.

En un principio no lo vi así, pero luego de escuchar sus declaraciones en
varios medios de comunicación, quiero creer que vienen buenas cosas para el Club, ya
que al saberse descendidos, puede que estén pensando en un renacimiento para el
siguiente torneo, en un proyecto que pudiera encabezar el jalisciense y Robert Dante,
seguidos de más Polacos, Jurados y Martínez y menos extranjeros que vengan a
rehabilitarse al puerto.

O en el peor de los casos, que al fin cumplan sus promesas y que se lleven la franquicia a otra ciudad y poder renacer con una nueva organización,
con la esperanza de que quieran hacer trascender a esta plaza tan lastimada.

Muchas veces he pensado que peor no podemos estar, pero este equipo hace todo
para sorprenderme y demostrarme que he estado equivocado. Sin embargo, lo amo
con todo mi ser y trato de quererlo como es, aunque nos den alegrías muy a cuenta
gotas.

Soy tiburón hasta los huesos, como muchos de ustedes y creo que nos
merecemos un mejor futuro, ya que la suerte del presente ya está echada, así que
tengamos esperanza queridos amigos, que si al tlacuache se le curó esa herida,
nosotros también podemos sanar.

Tiburoneo, luego existo…